Escuchar, escuchar, escuchar

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¿Estuviste alguna vez en alguna reunión en donde las personas que tienen algo para decir emiten breves monólogos y al final de la reunión se saludan y siguen con su vida como si hubiesen mantenido un diálogo constructivo y enriquecedor? No sé, a mí me pasa casi todo el tiempo, y es realmente una lástima porque sólo escuchando se nos abre la cabeza a ideas y modelos mentales nuevos.

Escuchar es una habilidad que se desarrolla, y necesita ser intencional. Yo detecto, en la práctica, al menos tres tipos de escucha: escucha de reconocimiento, una escucha defensiva y finalmente una escucha generativa.

La primera es la que usamos para entender de dónde viene nuestro interlocutor, si tiene una cultura parecida a la mía o si tiene una cultura y un “lugar” en el que pueda encasillarlo (o etiquetarlo). La segunda escucha, y la veo muy seguido en reuniones de trabajo, es la “defensiva”. Es esa escucha que no escucha sino que está preparándose más que nada para dar la respuesta apenas el que habla se calle. Y la última es la “generativa” es la que se produce cuando al escucharnos se nos van ocurriendo cosas nuevas para los que estamos hablando. Surge cuando hay sintonía emocional y cuando le damos un descanso al ego. Es la más enriquecedora de todas y es la que nos expande la mirada.

Por Tito Ávalos

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