Las start-ups viven en “modo vértigo” permanente, esa es su realidad vital. Y cuando se ven en la disyuntiva de qué hacer con la marca aparecen muchísimas incógnitas (y angustias).
En mi opinión la mejor decisión es trabajar con la misma filosofía que con sus productos, o sea, una estrategia de Branding Mínimo Viable. ¿Qué quiere decir esto?
En primer lugar, aceptar que están en un contexto de permanente cambio por lo tanto es poco sabio tomar decisiones que limiten la capacidad de maniobra, y si se desarrolla una marca que “cierra” en lugar de “abrir” volver atrás puede ser muy costoso.
En segundo lugar, saber que por lo general el público que se acerca a las ofertas de las startups son “early adopters”, lo cual es una enorme ventaja porque ellos priorizan la novedad por sobre la perfección. O sea, buscan productos que sean disruptivos en lugar de marcas perfectas.
Algunas sugerencias en base a la experiencia directa:
- No es vital tener el nombre final (muchísimas marcas que hoy son valiosas arrancaron con otro nombre)
- No es necesario invertir en tener el logotipo de tus sueños (mirá los primeros logos de Google, Apple y Amazon)
- Sí es clave tener muy en claro el propósito (el Why de Sinek)
- Sí es clave tener un Storytelling significativo y atractivo.
Con un propósito claro y significativo el Storytelling se convierte en lo que mi amigo Damián Martínez Lahitou, CEO y fundador de Feedback PR, bautizó como Story Being, que a mi entender significa vivir la marca, no sólo comunicar. De esa forma decir y hacer se unen y dan como resultado uno de los valores que más demandan hoy día de cualquier marca: autenticidad.

