Startup branding VII

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Tu logotipo: mejor en beta…

Creo que nadie compra logos. Es verdad que pueden volverse inolvidables, es verdad que pueden contar buenas historias y se pueden convertir en señales de identidad personal y grupal. Y me animo a arriesgar que Nike sería una gran marca aún sin ese espectacular símbolo. Mi convencimiento es que un logotipo / símbolo es un elemento más del conjunto de lo que ofrecés. Digo esto porque hoy tengo una visión distinta del problema y sobre todo del proceso, y no creo que sea estratégicamente conveniente mirar a las partes sin tomar en cuenta el conjunto. Y (insisto en esto) el proceso. 

El branding, en modo startup, es un proceso de experimentación y creo que es muy conveniente aceptar que pueda ser así. Hace unos meses hablando con una emprendedora me confesó que sus clientes no eran del perfil que ella imaginaba al principio. Las ventas venían bien y el boca-a-boca de la marca estaba creciendo más allá de lo que ella imaginó jamás. Pero sus clientes resultaron ser otros. ¡Sorpresa! Y no es la primera vez que eso le pasa a una startup.

Hoy recomendaría seguir una estrategia de “branding antifrágil” (le estoy robando a Nassim Taleb el concepto) ¿qué quiero decir? Propondría logotipos con “final abierto”, o sea: que no comprometan la promesa de marca, porque todavía está en estado embrionario ¿Por qué? Porque una promesa de marca en modo startup la propone el fundador pero se va redefiniendo en su interacción con el cliente.

Creo que la mejor dinámica es ir y estar dispuesto a corregir, porque el “parecer” de tu marca va a depender (en parte) del “ser” de tu cliente. 

Por Tito Ávalos

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