A un caramelo de Leonardo

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Un taller de innovación es una lotería, pueden salir ideas fantásticas o puede implosionar y ser una experiencia inesperadamente frustrante. 

Parte del disparador imaginativo de nuestro cerebro son las emociones. Bajo el influjo del optimismo y la liviandad se despiertan la curiosidad, el ánimo de aprendizaje y surgen ideas y alternativas inesperadas. Cuando domina el escepticismo y el miedo nuestras ideas se estrechan y nos volvemos cínicos.

Hay una solución para mejorar las probabilidades: diseñar la previa. 

En nuestra próxima sesión de pensamiento creativo llevemos caramelos (en serio), y los repartimos antes de empezar (con una sonrisa, obviamente) y todos los ánimos se van a ir emparejando hacia un modo colaborativo. 

No es milagroso, al contrario, es casi científico. Un mimo para el alma y azúcar para el cerebro.

Inspirado en: “Emotional Design” de Don Norman

Por Tito Ávalos

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