El “Why” no es la llave del éxito en una startup. El 90% de los emprendedores con los que he estado colaborando empiezan con el “What”, o sea: el producto. ¡Y está bien!
El “Why” es el diario del lunes, aparece en un análisis a posteriori que hacemos los académicos y consultores para encontrar explicaciones. El “Why” en modo startup es, por lo general, una intuición bastante borrosa. ¡Y también está bien!
Uno de los mejores aportes que puede hacer el branding en una startup es ayudar a tomar consciencia respecto del concepto de experiencia. Y desde este punto de vista me gustaría “abrir” la experiencia en dos aspectos:
- La experiencia práctica
- La experiencia estética
La experiencia de tipo práctica tiene que ver con la interacción con lo que llamamos el ecosistema del producto / servicio. Dentro de este aspecto entra en juego la mecánica de cómo el producto funciona, y el aspecto técnico de lo que viene a resolver.
La experiencia estética, por otro lado, tiene que ver con la construcción de algo de vital importancia en la relación cliente <>emprendimiento: afinidad.
¿Por qué es importante esto?
La relación de los clientes con la startup es lo más parecido a la relación uno-a-uno, es una relación individual que prospera en la medida que haya afinidad. Y es a partir de esa afinidad que se construye confianza y cercanía. Lo que podemos llamar poco académicamente “onda”, “vibra”, “empatía”, “piel”. Y la afinidad a su vez está basada en dos pilares: compatibilidad cultural y sintonía emocional, sin estos dos pilares es poco probable tener un “diálogo” fructífero para ambas partes.
En resumen: la experiencia práctica es insustituible, es la que genera satisfacción de compra; la experiencia estética, por su lado, es la que genera la afinidad necesaria para lograr una relación de largo plazo.


