(sólo para consultores)
“Cada experiencia que vivimos modifica nuestra perspectiva”
El 2021 me demostró que tengo tres responsabilidades importantes a la hora de acompañar a mis clientes (lo digo pero no siempre logro hacerlo):
- Simplificar
- Visualizar
- Estar
SIMPLIFICAR
Confirmé que una tarea clave para los que nos pagan por opinar es intentar tener la capacidad de simplificar. Con esto no me refiero a ningunear la complejidad sino a desenmarañar los intereses, ordenar según prioridades y alinear de acuerdo a los propósitos.
“Simplificar” (en este contexto) significa recomendar que lo que se tenga que hacer se haga de la manera más efectiva para el propósito de la organización teniendo en cuenta el ecosistema más amplio posible.
Aquí (y es sólo mi opinión) el consultor es más bien un coach que ayuda a potenciar la inteligencia colectiva de la organización. ¿El don más importante para esta función? Saber escuchar y hacer muy buenas preguntas (O sea: no hablar tanto).
VISUALIZAR
Estoy convencido de que casi todas las organizaciones son capaces de generar escenarios estratégicos valiosos (una colega una vez me dijo: “los mandos medios siempre tienen la respuesta”). Pero a veces, lo que falta es la capacidad de “visualizar” para luego avanzar.
¿Por qué es importante visualizar? Porque es el ensayo previo a salir a escena. Le podemos poner el nombre que más nos guste: prototipar, mood-boards, visualstorming (el nombre es irrelevante, no así el acto).
¿Se hace a menudo? ¡No tanto como se debería!
¿Por qué no? Me vienen a la mente al menos tres clásicos: hubris (ego desmedido), baja tolerancia a escuchar malas noticias y porque hay un punto en que todo proyecto se convierte en “transatlántico”: se vuelve imparable (y ya no hay sensatez que valga).
ESTAR
No diría que es la tarea más difícil, pero sí la más significativa. Como yo lo veo “estar” es 24/7 y con la piel siempre en juego*. Pero implica, además, considerar la suerte de nuestro cliente como propia.
Y para eso se necesita que la relación vaya más allá de lo transaccional, en mi opinión tiene que haber “affectio societatis”, o sea ánimo de estar en esto juntos.
El otro día reflexionaba acerca de los proyectos que más disfruté, y todos tenían dos cosas en común: una buena relación humana con el cliente y mi alineamiento personal con el propósito del proyecto en sí. Para mí eso es un buen “affectio societatis” desde donde partir.
¿Utópico? Puede ser, pero para eso estamos a principios de año, ¿no?
¡Y recién empieza!

