Hace unos meses la gente de Havas Media publicó su investigación 2021 del estado de salud de las marcas. Y aparecen dos “insights” muy interesantes:
INSIGHT Nº1: 71% del público cree que las marcas pocas veces cumplen sus promesas
INSIGHT Nª2: 73% del público dice que las organizaciones deberían actuar ya mismo para el bien de la sociedad y del planeta.
De acuerdo a esto estaríamos ante una crisis de PERFORMANCE y de PROPÓSITO, respectivamente. Parecería que la gran mayoría de las organizaciones tienen en su ADN propósitos meramente transaccionales en lugar de trascendentales, y encima no cumplen con las expectativas que ellas mismas generan.
¿Faltan organizaciones con propósitos trascendentales? Yo creo que no. Lo que creo que falta son organizaciones con propósitos trascendentales que sean más visibles, que atraigan la atención y despierten el entusiasmo.
EL DESAFÍO DE “COMPETIR”
Estamos en una época de alto déficit de atención, y la “nueva normalidad” exacerbó nuestro miedo a “perdernos algo valioso” (FoMO), lo que no ha hecho más que motivarnos a seguir sobre cargándonos de información.
El gobierno, las organizaciones del tercer sector, los medios, los influencers, el sector privado, los entrepreneurs, (salvo Messi) todos están compitiendo con todos en lo que a ganar nuestra atención (y billetera) se refiere. En este contexto, todos necesitamos “VISIBILIDAD”. Lo que no quita que además nos reclamen PROPÓSITO y PERFORMANCE.
LA OPORTUNIDAD (y es muy grande)
Conozco varios emprendimientos que nacieron con propósitos trascendentes, y todos ellos, en algún momento se encuentran “con el mercado”: con los costos, la escala, los proveedores, la distribución… y los clientes / usuarios / donantes / votantes, etc.
Son etapas, y cada una de ellas requiere de cierto expertise técnico y también teórico. Pero llegado el punto donde estoy cara a cara con mi público entra en juego un cuarto factor: “EMOCIÓN”.
Todo proyecto necesita seguidores, y para lograr que hagan un “doble-click” se necesita despertar la emoción del entusiasmo. Y una buena estrategia debería incluir justamente eso: la emoción necesaria para motivar a la participación.
Y como en la gran mayoría de las cuestiones complejas: no hay una bala de plata, no hay una receta, no hay magia. Pero recomiendo prestar atención a estas cuatro cuestiones: PROPÓSITO + PERFORMANCE + VISIBILIDAD + EMOCIÓN.
No puedo responsablemente decir que son los factores del éxito, pero sí que es muy importante tenerlos en cuenta a la hora de elaborar el proyecto estratégico.
Algo a favor de la “emoción”: “el convencido camina, el entusiasmado corre”

